Era un talentoso de verdad Stefan Bellof. No por nada lo admiraba y lo veía como un ejemplo a seguir aquel adolescente que avanzado los 80′ estaba recorriendo sus primeros caminos con la velocidad en la escuela del karting. Ese adolescente de 15 años se sentía reflejado en esa permanente ambición ganadora que tenía Bellof sobre cualquier auto de carrera. Soñaba un futuro de Fórmula 1 como su ídolo. No imaginaba que la vida le daría mucho más y le permitiría conseguir lo que su admirado no pudo, por esa trampa mortal que hace ya treinta un años le tendió el destino: ser el primer alemán en consagrarse campeón de Fórmula 1. Aquel jovencito era Michael Schumacher.
Esa admiración de Schumi no era la única que se posaba sobre Bellof. También, este alemán nacido el 20 de Noviembre de 1957 en Giessen, representaba la mayor esperanza de los aficionados germanos por volver a ver a un compatriota en los primeros lugares de la Fórmula 1, luego de la pausa abierta, dos décadas atrás con la muerte de Wolfgang Von Trips. Es cierto: hasta aquel trágico domingo 1 de septiembre en el que la vida de Bellof terminó sobre un Porsche de Sport Prototipo estrellado contra una valla de contención de la famosísima curva Eau Rouge de Spa, los números de Stefan en la Fórmula 1 no mostraban mucho, con apenas 20 carreras y un cuarto puesto (Detroit 85) como mejor resultado. Pero la frialdad de esos números no reflejaba su talento conductivo que, en cambio, si pudieron percibir ojos expertos de la Fórmula 1, como los de Ferrari, por ejemplo. Al momento de su muerte, Bellof tenía firmado un precontrato para ser piloto del Cavallino desde 1986. La fatalidad truncó esa posibilidad. Era la que necesitaba para terminar de concretar todo lo que ya estaba insinuando con autos de menor valía. Así, este alemán se sumó a Piers Courage y a Francois Cevert en la lista de potenciales campeones frustrados por una muerte que décadas atrás se posaba con bastante frecuencia en el automovilismo.
Sobre un coche de carreras, siempre fue audaz y temerario. Se hizo notar desde que junto con su hermano Jurgen corrió en karting y se cansó de ganar títulos nacionales. No sintió el paso a los monopostos. En su año atrapó en título de Fórmula Ford Alemana 1600. Al año siguiente (1981) perdió por poco el de Fórmula 3. Esto no impidió su ascenso. Willy Maurer lo llevó a su de equipo de Fórmula 2 y Stefan le devolvió la gentileza ganando en Silverstone y Hockenheim, las dos primeras carreras que corrió. Un hecho inédito por entonces en la Fórmula 2. Problemas de confiabilidad en el Maurer-BMW le quitaron la chance de ser campeón, pero esto tampoco detuvo su crecimiento. Porsche ya había puesto sus ojos en este joven piloto, que encima era alemán. Entonces lo incorporó a su equipo de Sport, que luchaba con Lancia en una de las últimas épocas de trascendencia del Campeonato Mundial de Prototipos.
Aquel 1983 de su integración a la escuadra oficial Porsche fue también el se su primer contacto con un Fórmula 1. Fue el 25 de octubre, en la habitual convocatoria que gracias a la tabacalera que lo auspiciaba, realizaba McLaren a los pilotos más prometedores. Ese día en Silverstone, Bellof compartió las pruebas con Ayrton Senna y Martin Brundle, los dominadores ese año en la Fórmula 3 Británica.

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